Intenso control migratorio en Liniers con policía federal y control de huellas dactilares

Un masivo operativo de control migratorio irrumpió en el corazón de Liniers, específicamente en la tradicional intersección de José León Suárez y avenida Rivadavia. La zona, apodada históricamente como la “Feria de los Bolivianos” por su vibrante flujo de mercaderías y emprendedores extranjeros, vio cómo decenas de agentes federales desplegaron un arsenal de revisiones documentales que dejó a vendedores y transeúntes con el pulso acelerado.

La Dirección Nacional de Migraciones lideró la movida, respaldada por efectivos de la Policía Federal Argentina y especialistas en fiscalización fronteriza. No fue un chequeo rutinario: utilizaron un avanzado dispositivo de identificación biométrica que, con solo presionar un dedo en el lector, emite una luz verde para regularidad o roja para irregularidad. En segundos, el aparato cruza datos con bases nacionales oficiales, agilizando lo que antes tomaba horas de papeleo.

Los agentes no se limitaron a las calles. Cubrieron veredas enteras con presencia imponente, bloqueando accesos peatonales en varias cuadras, mientras equipos paralelos allanaban locales comerciales. “Pedimos DNI, pasaportes o certificados de residencia a empleados, dueños y clientes por igual”, relató un oficial en el lugar, bajo el bullicio de protestas contenidas. Tiendas de textiles, electrodomésticos y ferretería –el pulmón económico de esta Feria de los Bolivianos en Liniers– se convirtieron en epicentros de la requisa, con colas improvisadas frente a los lectores digitales.

El despliegue, que se prolongó por más de cuatro horas, generó un caos previsible en este corredor neurálgico de Buenos Aires. Transeúntes reportaron demoras de hasta 30 minutos para cruzar la avenida Rivadavia, y varios comerciantes confesaron pérdidas por cierre temporal de puertas. “Nos paralizaron el negocio justo en hora pico”, se quejó un vendedor boliviano de 52 años, que prefirió no dar su nombre. Vecinos habituales de Liniers, un barrio multicultural con fuerte impronta inmigrante, observaban desde lejos cómo el operativo buscaba detectar situaciones irregulares en medio del ajetreo diario.

Esta no es la primera vez que Liniers vive un control migratorio aunque no de esta envergadura. Autoridades federales justifican estas acciones como parte de un plan nacional para ordenar el flujo migratorio en zonas de alta concentración extranjera, alineado con normativas que exigen residencia legal para trabajar. Sin embargo, críticos locales lo ven como una medida que asusta a la comunidad boliviana y peruana que dinamiza la economía barrial. Hasta el cierre de esta edición, no se informaron detenciones masivas, pero el mensaje quedó claro: la vigilancia biométrica llegó para quedarse en Buenos Aires.