Golosinas originarias del sur porteño resisten a las multinacionales

Alfajores Guaymallen en clara expansión desde su planta de Mataderos y la futura en el conurbano ya en construcción, Fantoche en el barrio de Lugano, y las galletitas “pitusas” también del barrio de Mataderos, además de otras marcar con Vauquita y Cachafaz también ressiten el avance de las marcas 

multinacionales. Guaymallén el alfajor de la familia como es públicamente conocido, que se convirtió en un clásico del quiosco, a pesar de su nombre, la empresa no nació en Mendoza, sino en Buenos Aires, hace más de 70 años, como un proyecto de Ulpiano Fernández. Hoy, la segunda generación está a cargo de la compañía, con Cristina Fernández (la hija de Ulpiano) y Hugo Basilotta (la cara visible de la compañía). Con una propuesta muy económica, Guaymallén hoy es la empresa número uno en unidades, con una producción que alcanza los dos millones de alfajores por día. De la noche a la mañana y de a poco, pero de forma muy constante llego “Pitusas” La marca de galletitas que crece a costa de las multinacionales, compitiendo contra dos gigantes como Bagley (Arcor) y Mondelez, la empresa de Mataderos ParNor se convirtió en una de las compañías con mayor crecimiento en el mercado de galletitas. Sus principales herramientas: la marca Pitusas y una capacidad para replicar las propuestas exitosas de las compañías líderes siguiendo el ejemplo del histórico modelo de trabajo que impuso Arcor con su propuesta de “imitación innovadora”. Lo mismo ocurre con Fantoche desde el barrio de Lugano el alfajor fundamentalmente en su modalidad Triple se ha convertido en un clásico que se animó a cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos. Desde su planta en el barrio de Villa Lugano, a pocas cuadras de las fábricas de Guaymallén, Vacalín y Pitusas, la empresa de la familia Dieguez se hizo fuerte con su alfajor triple. En los últimos años protagonizó un fuerte proceso de renovación y reconvirtió su clásico “payasito” casi en un emoji, lanzó anuncios musicalizados con “cumbia pop” de sintetizadores y voces dulces, aterrizó en las redes sociales y hasta adquirió una licencia de Los Simpson. Unos capítulos aparte merecen dos marcas de primera línea que resisten y avanzan Vauquita y Cachafaz, en una reciente nota realizada por el periodista Alfredo Sainz para el diario La Nación, señala que  “A contramano del proceso de concentración que viven la mayoría de las industrias de consumo masivo, el sector de las golosinas es uno de los pocos en los que las empresas medianas y pequeñas le encontraron la vuelta para sobrevivir y en muchos casos competir de igual a igual con las multinacionales.El negocio de las golosinas no pudo escapar a la crisis generalizada del consumo. De acuerdo con los datos de la consultora Scanntech, en el primer semestre del año las ventas de la categoría acumularon una caída del 8,5%, mientras que los precios en promedio registraron una suba interanual del 50 por ciento”.{jcomments on}