Liniers recuerda al Padre Juan Carlos Brumana con un homenaje en su parroquia
Al cumplirse 34 años del atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires, el barrio de Liniers rinde homenaje a una de las 29 víctimas fatales de aquel trágico episodio: el Padre Juan Carlos Brumana. La comunidad de la parroquia Nuestra Señora de las Nieves recordará su vida y legado con un acto especial que se realizará este martes a las 19 en Ventura Bosch 6662, donde se entronizarán su estola de ordenación y un cuadro con su imagen en el salón parroquial que lleva su nombre.
La figura del Padre Brumana permanece viva en la memoria de quienes lo conocieron y en la identidad de un barrio que lo vio crecer. Desde su infancia, mostraba una profunda sensibilidad y una inclinación hacia la contemplación. Pasaba largas horas observando el cielo, fascinado por la inmensidad del universo, como si en ese horizonte encontrara respuestas a las inquietudes que lo acompañarían toda su vida. Esa mirada introspectiva convivía con una preocupación constante por la realidad social, especialmente por las desigualdades que atravesaban a la sociedad argentina.
Hijo menor de una familia de clase media, fue el único varón entre cuatro hermanos. Su padre, reconocido escribano de Liniers, fue una figura central en su formación. Aunque en su hogar no faltaban recursos, Juan Carlos desarrolló desde joven una fuerte conciencia sobre las carencias ajenas, lo que marcó su vocación de servicio.
Tras finalizar sus estudios secundarios, ingresó a trabajar en Aerolíneas Argentinas como despachante de aeronaves, donde tenía la responsabilidad de planificar las rutas de vuelo. Su interés por el cielo lo llevó también a formarse como observador meteorológico y técnico en meteorología sinóptica, disciplina enfocada en el estudio y la predicción del clima. Sin embargo, su búsqueda personal no se detuvo allí.
El 19 de marzo de 1982 decidió ingresar al Seminario Metropolitano, donde se formó en Teología y confirmó su vocación religiosa. Su camino pastoral comenzó como seminarista en la parroquia Nuestra Señora de las Nieves, el mismo espacio que frecuentaba desde niño. En 1989 fue ordenado diácono y, meses más tarde, sacerdote. Desarrolló su labor en distintas parroquias de la ciudad, entre ellas Santa Julia, Nuestra Señora de la Paz y Mater Admirabilis, en Retiro.
Durante esos años, su compromiso con los sectores más vulnerables se manifestó con claridad. Dedicaba gran parte de su tiempo a tareas solidarias en la Villa 31, donde acompañaba a familias en situación de vulnerabilidad. Quienes compartieron su vida destacan su entrega y su capacidad de anteponer siempre las necesidades de los demás. Un episodio relatado por su familia refleja ese espíritu: habiendo recibido dinero para comprarse zapatos nuevos, decidió donarlo a alguien que lo necesitaba más, manteniendo los suyos en mal estado.
Antes de su ordenación sacerdotal, también participó en misiones en la Patagonia, donde fortaleció su vocación de servicio en contextos alejados de los grandes centros urbanos.
El 17 de marzo de 1992, poco antes de las 15, el Padre Brumana se encontraba en la parroquia Mater Admirabilis organizando donaciones destinadas a sectores vulnerables. A las 14:45, la explosión que destruyó la Embajada de Israel terminó con su vida y la de otras 28 personas, en uno de los atentados más graves de la historia argentina.
Desde abril de 2017, sus restos descansan en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, en Liniers. Allí, su comunidad continúa evocando su ejemplo de compromiso, humildad y vocación solidaria. A más de tres décadas del atentado, su historia sigue siendo un símbolo de entrega y un llamado persistente a la memoria y la justicia.

