El ex Mercado de Liniers sigue sin destino

Pasados cuatro años del cierre definitivo del histórico Mercado de Liniers, el enorme predio de 32 hectáreas ubicado en Mataderos continúa sin una reconversión concreta. El lugar que durante más de un siglo fue referencia nacional para la comercialización de hacienda ahora permanece alejado de aquella actividad y espera un proyecto que todavía no se materializó.

Hay lugares que forman parte de la identidad de un barrio mucho más allá de su función original. En Mataderos, el Mercado de Liniers fue durante más de un siglo uno de esos espacios. Sus corrales, pasarelas y remates marcaron el ritmo de una zona que creció alrededor de la actividad ganadera y que terminó incorporando al antiguo mercado como uno de sus principales emblemas.

Sin embargo, cuatro años después de su cierre definitivo, el enorme predio permanece sin la transformación que se había anunciado. El viernes 13 de mayo de 2022 se realizaron las últimas subastas de novillos en el histórico establecimiento, antes del traslado de la actividad al nuevo Mercado Agroganadero de Cañuelas. Desde entonces, las 32 hectáreas que durante décadas concentraron buena parte de la comercialización de hacienda destinada al consumo porteño quedaron a la espera de un nuevo destino.

La situación volvió a llamar la atención recientemente a partir de una convocatoria publicada en el Boletín Oficial para renovar la conformación del directorio de la sociedad anónima Mercado de Liniers. La permanencia de esa estructura empresarial reabrió interrogantes sobre qué ocurrió con el predio de Mataderos y cuáles son los planes concretos para sus instalaciones.

La pregunta tiene además una dimensión histórica. El mercado fue habilitado oficialmente el 1° de mayo de 1901 bajo el nombre de Mercado Concentrador y Matadero Municipal, en una época en la que Buenos Aires atravesaba un fuerte proceso de expansión urbana. Su creación estuvo relacionada precisamente con la necesidad de alejar la actividad ganadera de sectores de la ciudad donde la convivencia entre el crecimiento urbano y la presencia de animales se hacía cada vez más complicada.

Durante sus primeros años, el establecimiento tuvo también funciones vinculadas con la faena. Pero en la década de 1920 esa actividad quedó prohibida y el predio pasó a concentrarse en la comercialización de hacienda. En terrenos vecinos adquirió entonces protagonismo el Frigorífico Municipal Lisandro de la Torre, que complementaba aquella estructura productiva.

Con el paso del tiempo, el Mercado de Liniers se convirtió en mucho más que un espacio destinado a remates. El volumen de operaciones que concentraba terminó convirtiéndolo en una referencia para establecer públicamente el precio de la hacienda en la Argentina. Su importancia fue reconocida incluso por el Estado nacional: en 1950, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el decreto 8445 dispuso su traspaso a la órbita nacional bajo la consideración de que se trataba de un “mercado central”.

A partir de allí comenzó una larga historia de cambios en la administración, la propiedad y los proyectos para el futuro del establecimiento. El avance de la urbanización volvió inevitable la discusión sobre su traslado. El movimiento de miles de animales dentro de una ciudad cada vez más poblada planteaba problemas sanitarios, logísticos y urbanos, argumentos que se mantuvieron vigentes durante décadas.

La posibilidad de trasladar el mercado apareció durante el gobierno de Arturo Frondizi y atravesó distintas administraciones. Durante la última dictadura militar se mencionó a Mercedes como posible destino, mientras que durante el gobierno de Raúl Alfonsín se incorporaron Brandsen y Chascomús entre las alternativas. Ninguna de aquellas propuestas consiguió concretarse.

El proceso tomó otra dirección durante el menemismo. El Decreto 2476/90 declaró al Mercado de Liniers “sujeto a privatización” y el 2515/91 autorizó la licitación de sus instalaciones y de la actividad. En ese contexto surgió Mercado de Liniers S.A., que desde 1992 quedó a cargo de la administración, conservación, mejoras y comercialización de la hacienda.

La discusión sobre el traslado, sin embargo, continuó durante años. La sociedad llegó incluso a adquirir unas 360 hectáreas en San Vicente con la intención de construir allí un nuevo mercado, aunque ese terreno finalmente no fue utilizado para ese propósito.

En 2001, la Legislatura porteña sancionó la Ley 622, que prohibió el ingreso de ganado vacuno en pie a la Ciudad, con algunas excepciones. La medida debía comenzar a regir una vez concretado el traslado. La crisis económica de aquellos años, sumada a las dificultades para financiar las obras, volvió a postergar el proyecto y dio inicio a una sucesión de prórrogas que se extendió durante casi dos décadas.

El traslado finalmente tomó forma en 2018, cuando se firmó el boleto para la adquisición del campo ubicado junto a la Ruta Provincial 6, en Cañuelas. Allí se desarrolló el Mercado Agroganadero (MAG), un complejo de unas 110 hectáreas, considerablemente mayor que el histórico predio porteño. La inversión informada rondó los 20 millones de dólares y, después de las demoras provocadas por la pandemia, la actividad comenzó a dejar definitivamente Mataderos.

El cierre del mercado puso fin a una historia de más de 120 años, pero abrió otro interrogante que todavía no encontró respuesta: ¿qué hacer con las 32 hectáreas que quedaron vacantes en pleno corazón de Mataderos?

A fines de 2019, la Legislatura porteña había aprobado una ley que establecía para ese espacio la creación de un parque temático relacionado con la ruralidad y un polo gastronómico. El proyecto aparecía como una posibilidad de reconvertir un lugar emblemático y, al mismo tiempo, conservar parte de su vínculo histórico con la actividad que le dio origen.

Pero aquel plan no se concretó.

Hoy, el contraste resulta evidente. El predio que alguna vez concentró una actividad económica fundamental para la Ciudad y que llegó a tener unos 450 corrales de venta y más de 2.500 metros de pasarelas aéreas no encontró todavía una nueva función capaz de reemplazar la que tuvo durante más de un siglo.

El antiguo mercado permanece así como una enorme superficie urbana pendiente de definición. Su historia explica buena parte de la identidad de Mataderos, pero su presente plantea un desafío diferente: encontrar un destino que permita recuperar esas hectáreas para el barrio y evitar que un espacio de semejante dimensión continúe al margen de una verdadera política de reconversión urbana.

Cuatro años después de las últimas subastas, la discusión ya no pasa por cuándo se irá el mercado de Mataderos, sino por cuándo llegará el proyecto que permita recuperar definitivamente el predio para la Ciudad y para los vecinos.