“La carne siente el golpe al bolsillo”

En las carnicerías de barrio de Parque Avellaneda, el menor poder de compra empieza a reflejarse en los mostradores. Pablo Gianechini, propietario de un comercio de Gregorio de Laferrere al 3800, asegura que los clientes buscan ofertas y cortes alternativos, aunque hay productos que siguen siendo difíciles de reemplazar, como el asado.

El mostrador de una carnicería suele ser un termómetro bastante preciso de lo que ocurre con el consumo cotidiano. En Parque Avellaneda, esa realidad empieza a hacerse cada vez más evidente. Los clientes siguen comprando carne, pero lo hacen con mayor cautela, comparando precios, buscando ofertas y reduciendo cantidades. El problema, según explica Pablo Gianechini, propietario de una carnicería ubicada sobre Gregorio de Laferrere al 3800, no responde principalmente a un cambio de hábitos, sino a las dificultades que atraviesan los ingresos familiares.

Los mostradores están bastante golpeados”, resumió el comerciante durante una entrevista radial, al describir la situación que atraviesa el sector. Y agregó que, aunque siempre existe un pequeño porcentaje de consumidores que modifica sus costumbres alimentarias, el factor determinante sigue siendo el dinero disponible a fin de mes, explico en una entrevista radial.

“Siempre hay un pequeño porcentaje que se cambia de hábito, pero lo que golpea más es el tema del bolsillo”, explicó Gianechini. La frase sintetiza una situación que se repite en muchos comercios de cercanía: la necesidad de sostener el consumo con ingresos que no crecen al mismo ritmo que los precios obliga a las familias a reorganizar sus compras.

En las carnicerías de barrio, esa transformación se advierte en la elección de los cortes, en las cantidades que lleva cada cliente y en la importancia que adquirieron las promociones. Gianechini señaló que en su comercio trabajan habitualmente con ofertas y cortes alternativos, una estrategia que permite ofrecer distintas opciones de acuerdo con el presupuesto de cada familia.

Sin embargo, el margen para reducir los precios es limitado. “Se hace muy difícil bajar costos”, explicó el comerciante, quien sostuvo que la actividad enfrenta aumentos que complican la posibilidad de trasladar ofertas permanentes al mostrador sin afectar la rentabilidad del negocio.

Por eso, la estrategia pasa por buscar alternativas. Las ofertas se concentran en determinados cortes y, especialmente, en aquellos productos que pueden resultar más accesibles para quienes necesitan mantener la carne dentro de la compra semanal. Entre ellos aparecen las opciones destinadas a milanesas, uno de los preparados tradicionales de las familias argentinas y una alternativa que permite aprovechar distintos cortes.

Pero hay productos que, para muchos consumidores, mantienen un lugar especial. El ejemplo más claro es el asado. Gianechini considera que “el asado es irremplazable”, aun cuando su precio obliga a planificar con mayor cuidado cuándo y cuánto comprar.

En el comercio de Parque Avellaneda, según los valores mencionados por el carnicero, el kilo de asado se ofrece a $13.500, mientras que el vacío alcanza los $16.000. Se trata de precios que obligan a muchos consumidores a evaluar previamente el gasto total antes de llevar determinados cortes, particularmente cuando la compra está destinada a una familia numerosa o a una reunión.

La situación no se limita exclusivamente a la carne vacuna. El comerciante también advirtió que el pollo y el cerdo registraron aumentos, dos productos que en los últimos años fueron incorporados con mayor frecuencia a la dieta de muchas familias precisamente como alternativas frente al precio de la carne vacuna.

La expectativa de reemplazar un producto por otro, sin embargo, encuentra ahora un límite. Si aumentan simultáneamente las distintas variedades de carne, las posibilidades de sustituir una por otra se reducen. “No hay plata, los sueldos están planchados”, sostuvo Gianechini, al explicar por qué la merma en las ventas comienza a sentirse en su comercio.

Comprar distinto para poder seguir comprando

El comportamiento de los consumidores también cambió. La compra impulsiva pierde espacio frente a una adquisición más planificada, en la que se consulta el precio, se comparan promociones y se decide qué corte llevar en función del dinero disponible.

Para los comerciantes de barrio, esa situación implica trabajar con un escenario mucho más ajustado. Ya no alcanza con tener mercadería disponible: es necesario encontrar el equilibrio entre precios competitivos, costos de reposición y capacidad de compra de los vecinos.

Gianechini explicó que la carnicería intenta sostener diferentes propuestas para que el cliente pueda encontrar opciones dentro de su presupuesto. Las ofertas en determinados cortes y la posibilidad de elegir alternativas para preparaciones como las milanesas forman parte de esa estrategia.

“Siempre trabajamos con ofertas y cortes alternativos en las carnicerías de barrio”, señaló el comerciante, destacando el papel que cumplen estos negocios para sostener el abastecimiento cotidiano en los barrios.

En ese contexto, la caída del consumo no necesariamente significa que las familias hayan dejado de comer carne. En muchos casos, significa que compran menos cantidad, eligen otros cortes o espacian las compras. La diferencia puede parecer pequeña en cada operación, pero acumulada durante semanas termina impactando directamente en las ventas de los comercios.

Para una carnicería de barrio, donde el vínculo con los clientes habituales constituye una parte central de la actividad, el escenario obliga a adaptarse permanentemente. Ofertas, promociones y cortes alternativos se convierten así en herramientas para intentar sostener el movimiento comercial.

El diagnóstico de Gianechini desde Parque Avellaneda es claro: el problema principal está en el poder adquisitivo. Mientras los precios de los distintos tipos de carne continúan aumentando y los ingresos familiares permanecen rezagados, el mostrador funciona como un reflejo de esa tensión.

La carne sigue presente en la mesa de los argentinos y el asado conserva su lugar simbólico, pero para una parte importante de los consumidores ya no se trata simplemente de elegir qué comer. La pregunta previa es cuánto pueden gastar. Y en las carnicerías de barrio, esa diferencia se siente todos los días.