Liniers bajo un fuerte operativo policial
Más de 1.100 efectivos coparon durante la noche uno de los puntos más transitados del oeste porteño. Hubo controles de vehículos y peatones en el entorno de Rivadavia y General Paz, la estación ferroviaria y el área comercial. El despliegue incluyó patrulleros, motos, drones, perros antinarcóticos y hasta un helicóptero.
Liniers volvió a ser escenario de un importante despliegue policial. Desde las primeras horas de la noche, decenas de efectivos se instalaron en distintos puntos del centro comercial y del principal nodo de transporte del barrio, en el marco de un megaoperativo que movilizó a más de 1.100 agentes en distintos sectores de la Ciudad de Buenos Aires.
La postal habitual de la avenida Rivadavia, con colectivos que llegan y parten permanentemente, pasajeros que entran y salen de la estación ferroviaria y una intensa actividad comercial, se vio acompañada durante varias horas por patrulleros, motocicletas y efectivos abocados a controles preventivos.
Uno de los puntos de mayor concentración estuvo ubicado en las inmediaciones del puente de General Paz y Rivadavia. Allí se realizaron controles sobre los vehículos que circulaban por uno de los principales accesos al barrio, mientras que en los alrededores de la estación y del denominado “microcentro boliviano” los agentes efectuaron controles sobre personas que transitaban por la zona.
El operativo comenzó alrededor de las 19 y se extendió hasta la medianoche. La presencia policial fue notoria en un sector que, por su ubicación y movimiento, constituye uno de los principales puntos de conexión entre la Ciudad y el oeste del conurbano bonaerense.
La explicación oficial fue contundente: reforzar la prevención y desalentar el delito mediante controles sorpresivos. Según informó el Ministerio de Seguridad porteño, los efectivos realizaron consultas sobre vehículos para determinar si tenían impedimentos para circular y solicitaron documentación a personas con el objetivo de detectar eventuales pedidos de captura o requerimientos judiciales.
Pero el despliegue fue mucho más amplio que un simple operativo de patrullaje. En diferentes puntos de Buenos Aires se desplegaron más de 1.100 policías y agentes de Tránsito. El dispositivo alcanzó diez nodos de trasbordo, nueve corredores de Metrobús, doce puntos en autopistas urbanas y diez accesos estratégicos ubicados sobre la General Paz y el Riachuelo.
La magnitud del operativo quedó reflejada en los recursos utilizados. Además de los patrulleros y las motos policiales, participaron un camión de monitoreo, un helicóptero, drones y perros especialmente entrenados para detectar narcóticos. También intervinieron brigadas especiales dedicadas a tareas de peritaje, prevención antidrogas y fiscalización de vehículos.
La elección de Liniers como uno de los principales focos no fue casual. El barrio concentra una enorme circulación diaria de pasajeros y reúne en pocas cuadras la estación del ferrocarril, numerosas líneas de colectivos, el intenso movimiento comercial de Rivadavia y uno de los principales accesos desde la provincia.
Esa particular combinación convierte al sector en un punto estratégico para las fuerzas de seguridad. Durante el operativo, los controles se concentraron especialmente en los lugares donde habitualmente se acumulan grandes cantidades de personas.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, siguió de cerca el despliegue. El funcionario supervisó el operativo en el centro de trasbordo de Retiro junto al ministro de Seguridad, Horacio Giménez, y el secretario del área, Maximiliano Piñeiro.
“En la Ciudad trazamos una línea muy clara: de un lado, la gente honesta, los porteños de bien. Del otro, los que eligen vivir al margen de las normas”, sostuvo Macri al referirse al operativo.
El jefe de Gobierno también afirmó: “Acá se controla el territorio o lo dominan los delincuentes. Y nosotros al delito lo vamos a perseguir en cada metro cuadrado de la Ciudad”.
El discurso oficial se enmarca en una política de mayor presencia policial en las calles y de controles territoriales, una estrategia que también ocupa un lugar destacado en la agenda de seguridad del Gobierno nacional.
En Liniers, la medida tuvo un impacto visible. Durante varias horas, vecinos, comerciantes, trabajadores y pasajeros se encontraron con un escenario poco habitual: efectivos apostados en los principales accesos, vehículos detenidos para ser inspeccionados y agentes recorriendo las zonas de mayor concentración de personas.
La planificación del megaoperativo se realizó utilizando información del mapa del delito y datos vinculados con el volumen de pasajeros que utilizan los distintos medios de transporte. El objetivo fue llevar los recursos policiales hacia aquellos sectores considerados prioritarios por las autoridades.
Para Liniers, el operativo significó además un nuevo capítulo en una zona que por su ubicación estratégica suele quedar en el centro de las políticas de seguridad. La General Paz marca allí el límite con la provincia y convierte al barrio en una de las principales puertas de entrada y salida de la Ciudad.
Durante varias horas, esa frontera urbana estuvo fuertemente vigilada. El movimiento de la avenida Rivadavia continuó, pero con una presencia policial que no pasó inadvertida.
El megaoperativo terminó cerca de la medianoche, después de varias horas de controles. Sin embargo, la imagen de Liniers completamente rodeado de policías volvió a dejar en evidencia la importancia estratégica que tiene el barrio para cualquier operativo destinado a controlar el movimiento de personas y vehículos entre la Ciudad y el conurbano.
Para las autoridades, se trató de una acción preventiva destinada a “garantizar el orden en las calles”. Para los vecinos, comerciantes y miles de pasajeros que diariamente atraviesan el barrio, el despliegue significó una noche diferente, marcada por la fuerte presencia de las fuerzas de seguridad en uno de los puntos más transitados de Buenos Aires.

