La Dirección del hospital de Liniers dispuso suspender la distribución de comida que realizaban religiosas de la obra Don Orione a jubilados, cartoneros y personas en situación de calle. Mientras el capellán cuestionó las restricciones a la asistencia solidaria, las autoridades atribuyeron la medida a las obras de refacción y señalaron que esperan retomar la actividad cuando estén garantizadas las condiciones de higiene.
La entrega de un plato de comida caliente que durante años representó un alivio para decenas de vecinos de Liniers quedó interrumpida en el Hospital Santojanni. La Dirección del establecimiento porteño prohibió que las religiosas de la congregación Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, perteneciente a la obra Don Orione, continuaran distribuyendo las viandas que preparaban para jubilados, cartoneros y personas en situación de calle. La decisión, comunicada el jueves 8 de octubre, generó preocupación entre quienes dependían de esa ayuda cotidiana.
Hasta septiembre, unas 130 personas recibían diariamente un plato de comida, de lunes a sábado, en el acceso de la calle Patrón al 6500, cerca de la esquina con Cafayate. En ese lugar, la fila de vecinos que aguardaba su turno se había convertido en una escena habitual desde los años de la pandemia. Ahora, un cartel colocado junto a la entrada anuncia que ya no se entregarán viandas.
La medida abrió interrogantes sobre la continuidad de una tarea solidaria que comenzó como respuesta a una emergencia social y que, con el paso del tiempo, fue creciendo al ritmo de las necesidades de la población. También puso en discusión las condiciones en las que se desarrolla la asistencia a las personas más vulnerables en la Ciudad de Buenos Aires.
De 20 viandas a 130 por día
La iniciativa de las religiosas nació durante la pandemia de coronavirus, cuando comenzaron a advertir que cada vez más personas tenían dificultades para acceder a un plato de comida. En un primer momento, preparaban alrededor de 20 porciones diarias. Sin embargo, una vez superada la emergencia sanitaria, la demanda no disminuyó.
A mediados del año pasado, la cantidad había ascendido a 85 viandas por jornada. Durante septiembre de este año, la cifra llegó a 130, una evolución que reflejó el crecimiento de la necesidad de asistencia alimentaria en el entorno del hospital.
La tarea era sostenida por las hermanas María de los Ángeles, María Beatriz, María Cristina y Julia, con la coordinación del padre Adrián Ortigoza, capellán del establecimiento. Además de la comida, las religiosas también entregaban ropa y prendas de abrigo en buen estado que recibían mediante donaciones de vecinos.
La suspensión tomó por sorpresa al grupo. Consultada sobre la decisión, la hermana María de los Ángeles manifestó su preocupación y evitó profundizar en los motivos. “Nosotras habitamos dentro del predio, simplemente no podemos entregar más”, expresó, según el testimonio difundido por el medio que dio a conocer el caso.
Dos explicaciones para una misma decisión
El padre Adrián Ortigoza brindó mayores precisiones sobre lo ocurrido y vinculó la prohibición con una política más amplia de restricciones a la asistencia de personas en situación de calle.
“El Gobierno de la Ciudad prohíbe que se quede gente en situación de calle en la Guardia del hospital y ahora también que se entreguen viandas de comida”, sostuvo el capellán. Según explicó, desde la Dirección les comunicaron que la distribución de alimentos no podía continuar dentro del predio del Santojanni.
Ortigoza señaló, además, que todavía debía reunirse con las religiosas para evaluar alternativas y determinar cómo continuar con la tarea solidaria. Reconoció que la comida era importante para numerosas personas y mencionó que, según tenía entendido, algunos vecinos se habían acercado a las autoridades del hospital para pedir que se interrumpiera la asistencia, con quejas vinculadas a la suciedad en la zona.
Pese a la interrupción, el sacerdote aseguró que las religiosas mantendrán sus esfuerzos en la atención de los pacientes internados, una labor que desarrollan desde hace años.
Por su parte, el subdirector del hospital, el doctor Carlos Falco, ofreció una explicación vinculada con las obras de infraestructura que se encuentran en marcha en el establecimiento.
“Estamos afectados a la obra de refacción del hospital, hay mucho polvo en el sector de la capilla y el hogar del sacerdote y las monjas; por lo tanto, desde la Dirección, y en consenso con el Padre, se decidió postergar el otorgamiento de las viandas”, explicó.
Ante la consulta sobre una eventual reanudación del reparto una vez finalizados los trabajos, Falco respondió que esa era la intención, aunque aclaró que deberán garantizarse las condiciones de higiene ambiental.
La diferencia entre ambas explicaciones deja planteado un interrogante central: si se trata de una suspensión temporal por las obras o si la entrega de alimentos podrá retomarse en las mismas condiciones una vez superados los inconvenientes. Por el momento, no se informó una fecha concreta para la reanudación del servicio.
Una tarea que va más allá de la comida
La asistencia alimentaria es apenas una parte del trabajo que las religiosas realizan en el Santojanni. Desde su llegada al hospital, el 28 de febrero de 2011, la congregación sostiene una labor de acompañamiento a pacientes y familiares, especialmente a quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.
Las hermanas colaboran con la alimentación de las personas internadas, las ayudan en tareas de aseo personal, les acercan agua, ropa y otros elementos necesarios, y ofrecen contención durante las internaciones. También acompañan a familiares que llegan desde distintos puntos del país y que, en muchos casos, deben afrontar gastos y dificultades para permanecer cerca de sus seres queridos.
La hermana María de los Ángeles había advertido anteriormente sobre la situación de jubilados que viven solos, no cuentan con redes familiares y tienen dificultades para afrontar medicamentos, tratamientos o prótesis. También había señalado las dificultades de quienes no consiguen empleo o cuyos ingresos resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas.
En ese contexto, la entrega de viandas funcionaba como una respuesta inmediata a una necesidad concreta: garantizar una comida a personas que, por distintas circunstancias, no podían acceder a ella por sus propios medios.
El trasfondo de la política porteña sobre las personas en situación de calle
La controversia también se inscribe en el debate sobre las políticas del Gobierno de la Ciudad frente a la pobreza y la situación de quienes viven en la calle. La gestión de Jorge Macri sostiene que la asistencia debe canalizarse a través de los dispositivos oficiales, en particular los Centros de Inclusión Social, donde se busca ofrecer alojamiento y un abordaje integral que puede incluir atención sanitaria y acompañamiento para la reinserción social.
En paralelo, organizaciones sociales, comedores y voluntarios cuestionan las restricciones a las iniciativas solidarias y advierten que los dispositivos estatales no siempre alcanzan a cubrir la demanda. También señalan que las personas en situación de calle necesitan respuestas inmediatas y que la comida constituye una necesidad básica que no puede quedar supeditada a procesos de asistencia más amplios.
En distintos barrios porteños, el Gobierno de la Ciudad ha impulsado controles sobre actividades de distribución de alimentos en el espacio público, bajo argumentos vinculados con la utilización de esos espacios y la necesidad de contar con las autorizaciones correspondientes. Sin embargo, no se desprende de la información disponible que exista una prohibición general específica para todos los hospitales de la Ciudad, por lo que el alcance de esas políticas debe distinguirse de la decisión particular adoptada en el Santojanni.
El caso expone, de todos modos, una tensión persistente entre las estrategias oficiales para abordar la situación de calle y el trabajo de quienes brindan ayuda directa a personas que atraviesan necesidades urgentes.
La solidaridad, en suspenso
El padre Ortigoza había definido la caridad como una expresión profunda del amor y sostenido que la solidaridad forma parte de la vida cotidiana del hospital. Su tarea junto a las religiosas se apoya en esa concepción: acompañar a quienes sufren, atender sus necesidades materiales y ofrecerles contención en momentos difíciles.
La suspensión de las viandas dejó sin esa comida diaria a 130 personas que, hasta hace pocos días, encontraban en el acceso de la calle Patrón un plato caliente y, en ocasiones, ropa para enfrentar el frío.
Mientras la Dirección atribuye la decisión a las obras y plantea la posibilidad de retomar el reparto cuando estén garantizadas las condiciones sanitarias, las religiosas deberán reorganizar una actividad que durante años creció para responder a una demanda cada vez mayor.
La continuidad de esa ayuda permanece sin una fecha definida. Entre las necesidades de quienes se acercaban diariamente al hospital y las explicaciones de las autoridades, la discusión ya no se limita a una cuestión edilicia: también plantea cómo garantizar que las personas más vulnerables no queden desamparadas mientras se resuelven las condiciones para asistirlas.