“Mataderos”, el nuevo disco de Saramalacara “identidad barrial y expansión sonora tras su paso por Lollapalooza”

Tras su presentación en el Lollapalooza 2026, la artista Saramalacara lanzó Mataderos, su segundo álbum de estudio, un trabajo atravesado por la nostalgia, la identidad y una búsqueda estética que combina lo íntimo con una proyección internacional. El disco, compuesto por 17 canciones, fue grabado en Los Ángeles durante 2025 y marca una nueva etapa en su desarrollo artístico.

Con producción ejecutiva de Evar y Dayvan —dos nombres clave en su recorrido desde los comienzos—, el álbum profundiza el universo sonoro que la cantante viene construyendo, aunque incorpora nuevos matices. A las atmósferas suaves y envolventes que caracterizan su estilo, se suma una impronta más enérgica, cercana al llamado “rage”, que aporta tensión y dinamismo a la propuesta.

El título del disco no es casual. Mataderos remite directamente al barrio donde la artista creció, en el límite entre la ciudad y el conurbano bonaerense. Esa condición fronteriza funciona como metáfora del propio proyecto musical, que se mueve entre lo independiente y lo masivo. En ese sentido, la cantante explicó que la distancia geográfica durante el proceso creativo fue deliberada: buscó alejarse para poder reconectar con sus raíces desde otra perspectiva.

Las letras del álbum están atravesadas por recuerdos, paisajes cotidianos y referencias personales que dialogan con influencias globales. De hecho, varios de los productores y artistas vinculados a las escenas de Los Ángeles y Nueva York —que formaron parte de su escucha durante la adolescencia— participan en este trabajo, consolidando un puente entre su historia personal y su presente profesional.

Esa dualidad entre pasado y proyección también se refleja en su forma de comunicarse con el público. En paralelo al lanzamiento, Saramalacara volvió a utilizar plataformas como Facebook, en una decisión que remite a una etapa más directa y menos mediada de la interacción digital, en contraste con las lógicas actuales de las redes sociales.

El disco presenta una lista extensa de temas que recorren distintos climas y registros. Entre ellos se destacan “Cosas malas”, “En la oculta”, “Señal de Dios”, “Tax Free” y “Gastando racks en designer”, además de otros como “No tengo clase”, “Encima de mí”, “Creo que nos podemos ir” y “Uno atrás de otro”, que cierran el álbum.

Con Mataderos, Saramalacara consolida un perfil artístico en expansión, sin perder el anclaje en su historia personal. El resultado es un trabajo que combina sensibilidad, experimentación y una identidad marcada, en el que el barrio no solo da nombre al disco, sino que se convierte en eje narrativo y emocional de toda la obra.