La Escuela Casal Calviño ya tiene su placa

La Legislatura porteña aprobó una resolución para reconocer la trayectoria de la Escuela Técnica 23 D.E. 13 “Casal Calviño”, de Parque Avellaneda, que el 1° de septiembre cumplió 80 años de historia. La iniciativa contempla la colocación de una placa conmemorativa dentro del histórico edificio de la institución.

La historia de una escuela también puede ser la historia de un barrio, de sus familias y de una época. Ese vínculo entre educación, trabajo y comunidad quedó reflejado en la resolución aprobada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, que expresó su beneplácito por la trayectoria de la Escuela Técnica 23 D.E. 13 “Casal Calviño” y dispuso la colocación de una placa conmemorativa en sus instalaciones históricas de avenida Lacarra 621, en Parque Avellaneda.

La iniciativa busca reconocer los 80 años de recorrido institucional de una escuela que nació en un momento de profundas transformaciones sociales y económicas del país y que, desde entonces, tuvo como una de sus principales características la formación vinculada con el mundo del trabajo.

De acuerdo con los fundamentos de la resolución, el reconocimiento pretende contribuir a “recuperar la memoria, reconstruir experiencias, fortalecer el sentido de pertenencia y poner en valor el recorrido histórico institucional” construido por la comunidad educativa a lo largo de estas ocho décadas. La placa funcionará, en ese sentido, como un testimonio permanente de esa trayectoria y de la importancia que tuvo la institución en la vida educativa de Parque Avellaneda.

La escuela fue fundada el 1° de septiembre de 1946 como escuela de artes y oficios. Su creación respondió a una necesidad concreta de aquel momento: acompañar los cambios que atravesaba una sociedad en plena transformación y brindar herramientas de formación para una población que encontraba en la educación técnica una posibilidad de acceder a nuevos conocimientos y, al mismo tiempo, mejorar sus oportunidades laborales.

La década de 1940 estuvo marcada por el crecimiento de la actividad industrial, la expansión de la matrícula escolar y una creciente demanda de trabajadores capacitados. En ese escenario, las escuelas técnicas adquirieron un papel estratégico. No se trataba solamente de enseñar un oficio, sino de formar trabajadores y ciudadanos preparados para incorporarse a una estructura productiva que se encontraba en expansión.

La historia de la Casal Calviño está estrechamente relacionada con la figura de José Casal Calviño, un inmigrante español oriundo de Pontevedra, Galicia, que llegó a la Argentina durante los primeros años del siglo XX. Luego de radicarse inicialmente en Cruz del Eje, donde se dedicó a la actividad comercial, se trasladó posteriormente a Buenos Aires. Allí desarrolló actividades como inversor y constructor y logró consolidar una posición económica que le permitió llevar adelante una iniciativa que terminaría teniendo una profunda trascendencia educativa.

Casal Calviño decidió destinar parte de sus bienes a la construcción de una escuela y donó los terrenos necesarios para concretar el proyecto. La propuesta fue presentada al entonces presidente de la Nación, Teniente General Juan Domingo Perón, quien aceptó la iniciativa y promovió una concepción que buscaba estimular la participación de otros benefactores en proyectos destinados a la educación.

La construcción de la escuela comenzó en aquel contexto y tuvo un avance significativo en pocos meses. El 22 de noviembre de 1946 se colocó la piedra fundamental, en un acto que contó con la presencia de Eva Duarte de Perón. Apenas unos meses después, el 4 de junio de 1947, quedó concluida la primera etapa del edificio.

La inauguración estuvo acompañada por un acto cargado de simbolismo. Durante la ceremonia fue descubierto el busto realizado en homenaje a José Casal Calviño, mientras que desde los balcones del establecimiento el presidente Perón dirigió unas palabras a la comunidad que había participado de la jornada.

Pero la importancia de la institución no quedó limitada a su arquitectura ni a su origen. A lo largo de las décadas, la escuela construyó una identidad propia alrededor de la educación técnica y la formación productiva, convirtiéndose en una referencia para numerosas generaciones de estudiantes.

Uno de los episodios que mejor representa ese vínculo entre enseñanza y producción está relacionado con el período en que el establecimiento fue conocido como “Escuela Fábrica Nº 1 de la Nación – Casal Calviño”. En sus talleres se fabricaron las máquinas de coser “Evita”, un producto que quedó asociado a la historia de la institución y que simboliza una etapa en la que la educación técnica estaba fuertemente ligada al desarrollo de capacidades productivas dentro de las propias escuelas.

La fabricación de aquellas máquinas constituye, además, una muestra del perfil que se buscaba otorgar a este tipo de establecimientos: espacios donde los estudiantes no solamente adquirieran conocimientos teóricos, sino donde pudieran aprender haciendo, trabajar con herramientas, conocer procesos de producción y vincular la formación con las necesidades concretas de la sociedad.

Ochenta años después de su fundación, la Casal Calviño conserva parte de esa identidad. Su historia está atravesada por miles de estudiantes, docentes, trabajadores y familias que pasaron por sus aulas y talleres y que, de distintas maneras, contribuyeron a construir el perfil de la institución.

El reconocimiento aprobado por la Legislatura porteña busca precisamente recuperar esa dimensión colectiva. La colocación de la placa no será solamente un homenaje a una fecha, sino también una forma de dejar asentado en el propio edificio el recorrido de una comunidad educativa que forma parte de la historia de Parque Avellaneda.

En tiempos en los que el debate sobre el papel de la educación técnica vuelve a ocupar un lugar relevante, la trayectoria de la Escuela Técnica 23 ofrece también una perspectiva histórica sobre la relación entre educación, capacitación y trabajo. Desde aquella escuela de artes y oficios fundada en 1946 hasta la institución que llegó a celebrar ocho décadas de existencia, el establecimiento fue adaptándose a los cambios de cada época sin perder uno de sus rasgos centrales: la formación como herramienta de crecimiento personal, inserción laboral y desarrollo de la comunidad.

La placa conmemorativa quedará así como una referencia material de ese pasado. Pero, sobre todo, como un reconocimiento a quienes hicieron posible que la escuela llegara hasta el presente y a las sucesivas generaciones que continúan escribiendo su historia en las aulas y talleres de la Casal Calviño.