El consumo de carne vacuna cayó al nivel más bajo en dos décadas

La caída del consumo de carne vacuna en Argentina ya se refleja con claridad en las carnicerías, supermercados y mesas familiares de todo el país. En medio del ajuste económico, la pérdida del poder adquisitivo y el aumento sostenido de los alimentos, el tradicional asado argentino comenzó a convertirse en un consumo cada vez más restringido para amplios sectores de la población.

Los números muestran una tendencia que preocupa tanto al sector ganadero como al comercio minorista: el consumo per cápita de carne vacuna alcanzó en 2026 el nivel más bajo de los últimos 20 años. El fenómeno se produce en un contexto marcado por la inflación acumulada, el incremento de costos y una fuerte transformación en los hábitos de compra de los consumidores, que reemplazan cortes vacunos por pollo y carne de cerdo.

La escena se repite diariamente en la carnicería Los Palotes, ubicada sobre Pilar y Rodó, a metros del corazón del barrio de Mataderos. Desde la madrugada, empleados descargan medias reses y organizan pedidos mientras comienzan a llegar clientes mayoristas. Sin embargo, entre los tradicionales cortes bovinos ganan cada vez más espacio bandejas de pollo y cerdo, productos que hace algunos años tenían una presencia mucho menor.

Jorge García, propietario del comercio y con décadas de experiencia en el rubro, asegura que el cambio en el consumo se profundizó durante el último año. Según explicó, muchos clientes ya no pueden comprar los mismos cortes que adquirían habitualmente y optan por alternativas más económicas para sostener el consumo de proteínas.

“Hay familias que directamente dejaron de comprar determinados cortes vacunos. Antes llevaban para toda la semana y hoy compran cantidades más pequeñas o cambian por pollo”, relató el comerciante, que todos los días inicia su jornada antes del amanecer para abrir el negocio junto a sus empleados.

De acuerdo con datos de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, el consumo anual por habitante cayó en abril de 2026 a 44,5 kilos, muy lejos de los 63,4 kilos registrados en 2006. Incluso representa una baja considerable respecto de los 49,5 kilos contabilizados en el mismo período del año pasado.

Especialistas del sector sostienen que la disminución responde a varios factores simultáneos. Por un lado, el precio de la carne vacuna aumentó por encima del promedio general de inflación. Por otro, los salarios quedaron rezagados frente al incremento del costo de vida y redujeron la capacidad de compra de los hogares.

Actualmente, el kilo de carne vacuna en Buenos Aires ronda en promedio los 18.500 pesos, según relevamientos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina. Algunos cortes populares incluso superan ampliamente ese valor en determinadas zonas del país.

Mientras tanto, el pollo y el cerdo continúan siendo opciones considerablemente más accesibles. El pollo se comercializa cerca de los 4.900 pesos por kilo y el cerdo alrededor de 8.900 pesos, diferencias que terminaron modificando las decisiones de consumo de millones de familias.

Comerciantes y distribuidores coinciden en que el retroceso de las ventas es evidente. Juampi Quintero, socio de una distribuidora de carnes, explicó que el consumo cayó drásticamente entre sus clientes habituales y advirtió que muchos trabajadores ya no pueden acceder a determinados productos.

“La carne pasó a ser un alimento mucho más caro para el bolsillo promedio. Hoy hay gente que prioriza otras necesidades básicas y reduce este tipo de compras”, señaló.

Detrás del aumento de precios también aparecen cambios en la política económica vinculada al sector agroexportador. En 2025 el Gobierno nacional redujo retenciones para incentivar las exportaciones de carne vacuna y aviar. Esa decisión generó que parte de la producción comenzara a comercializarse a valores más cercanos al mercado internacional.

El consultor agropecuario Iván Ordóñez explicó que durante años el mercado interno argentino mantuvo precios relativamente bajos en comparación con otros países productores, algo que favorecía un alto nivel de consumo doméstico. Con la apertura exportadora y la nueva estructura de costos, esa situación comenzó a modificarse.

A ese escenario se sumó una reducción de la oferta ganadera. Según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados, la faena de ganado registró una baja superior al 10% interanual debido a problemas climáticos como sequías e inundaciones que afectaron distintas regiones productivas.

En paralelo, economistas advierten que el ajuste fiscal y la quita de subsidios también impactaron directamente sobre los ingresos familiares. El incremento en tarifas de servicios públicos, transporte y otros gastos fijos redujo el margen disponible para alimentos considerados más costosos.

El economista Camilo Tiscornia sostuvo que el deterioro del poder adquisitivo explica gran parte de la caída del consumo. Mientras la inflación mensual continúa elevada, los salarios registrados crecieron por debajo de los precios, profundizando la pérdida de capacidad de compra.

En las carnicerías, el desafío cotidiano pasa por sostener las ventas y mantener clientes. Muchos comerciantes negocian permanentemente con frigoríficos para ofrecer promociones, cortes económicos y alternativas más accesibles.

“La gente busca precio todo el tiempo. Nosotros tratamos de adaptarnos para no perder ventas y para que el cliente pueda seguir llevando algo de carne”, resumió García desde Los Palotes, una carnicería tradicional de Mataderos que hoy refleja el impacto de la crisis económica sobre uno de los consumos más emblemáticos de la Argentina.