San Cayetano volvió a reunir a miles de fieles en Liniers
Cada 7 de agosto, Liniers modifica su ritmo habitual y se transforma en uno de los principales centros de la fe popular argentina. Este año no fue la excepción. Desde las primeras horas de la madrugada, miles de personas llegaron hasta el Santuario de San Cayetano para participar de la celebración en honor al patrono del pan y del trabajo, en una jornada marcada por la devoción, los pedidos personales y una consigna que resumió buena parte de las preocupaciones de la sociedad: “Junto a San Cayetano pedimos paz, pan, salud y trabajo”.
La convocatoria comenzó incluso antes de la medianoche del jueves. Cientos de peregrinos permanecieron en las inmediaciones del templo para ser los primeros en ingresar una vez abiertas las puertas. Algunos habían recorrido varios kilómetros a pie, mientras que otros decidieron pasar la noche en el barrio como parte de una promesa, una tradición familiar o simplemente con el propósito de agradecer por una situación favorable.
Con estampas religiosas, rosarios, velas, flores y las tradicionales espigas de trigo, los fieles fueron avanzando por las extensas filas que se formaron en avenida Rivadavia y las calles cercanas al santuario. La escena volvió a mostrar una composición amplia y diversa: familias completas, jóvenes, adultos mayores y niños compartieron durante horas una espera atravesada por la oración y la expectativa.
El pedido de trabajo ocupó, como ocurre históricamente en esta fecha, un lugar central. Algunos peregrinos llegaron para solicitar una oportunidad laboral, otros para conservar el empleo que tienen y muchos para agradecer por haber conseguido trabajo durante el último año. También estuvieron quienes rezaron por familiares que atraviesan situaciones de desempleo, dificultades económicas o incertidumbre respecto de su futuro.
La jornada religiosa incluyó misas en distintos horarios, espacios de oración comunitaria, confesiones y bendiciones. El operativo dispuesto alrededor del templo buscó ordenar el ingreso y acompañar a quienes debieron permanecer durante largos períodos en las inmediaciones. Una de las escenas más significativas se produjo frente a la imagen de San Cayetano, donde los peregrinos pudieron detenerse unos instantes para rezar. Muchos dejaron cartas, fotografías y pequeños objetos como expresión de sus pedidos o agradecimientos.
La celebración contó también con la presencia del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien acompañó a los fieles y puso el acento en el significado social que conserva la festividad. En su mensaje pastoral llamó a sostener la esperanza frente a las dificultades económicas y sociales y remarcó la necesidad de fortalecer los vínculos comunitarios, especialmente con las personas y familias que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
La fecha volvió a exhibir así una de las características centrales de la devoción a San Cayetano en la Argentina: la estrecha relación entre la fe y las preocupaciones concretas de la vida cotidiana. Para miles de personas, acercarse al santuario no representa únicamente una práctica religiosa, sino también una oportunidad para expresar deseos, angustias y expectativas vinculadas con el trabajo, la salud, la familia y las condiciones de vida.
La multitudinaria convocatoria obligó, además, a desplegar un operativo especial en el barrio. Hubo cortes y desvíos de tránsito en diferentes sectores de Liniers, junto con dispositivos de seguridad y asistencia sanitaria. También se instalaron puestos de hidratación y atención médica para los peregrinos, mientras voluntarios colaboraron con la entrega de alimentos y bebidas a quienes debieron esperar durante varias horas antes de ingresar al templo.
En paralelo a las actividades religiosas, la fecha estuvo acompañada por una nueva edición de la denominada Marcha de San Cayetano. Organizaciones sociales, sindicales y movimientos populares partieron desde las inmediaciones del santuario hacia Plaza de Mayo bajo la consigna histórica “Tierra, Techo y Trabajo”. La movilización incorporó reclamos relacionados con el empleo, la inclusión social y la situación económica.
Mientras afuera se desarrollaba el movimiento propio de una jornada multitudinaria, dentro del santuario continuaba el ingreso permanente de fieles. Algunos avanzaban en silencio, otros rezaban en voz baja y muchos se detenían frente a la imagen del santo con gestos de emoción. Para quienes participan año tras año, la peregrinación forma parte de una tradición que atraviesa generaciones y que, en numerosos casos, comienza en la infancia y continúa durante toda la vida.
La devoción por San Cayetano es una de las expresiones más arraigadas de la religiosidad popular argentina. El santuario de Liniers se convierte cada 7 de agosto en escenario de una manifestación que reúne a personas provenientes de distintos barrios porteños, del conurbano bonaerense y de otras regiones del país. La cantidad de asistentes y la diversidad de historias que confluyen en el lugar explican la dimensión que adquirió esta celebración a lo largo de las décadas.
Entre caminatas, largas esperas, abrazos, oraciones y lágrimas, la jornada volvió a dejar una imagen reconocible para varias generaciones de argentinos. La de miles de personas que, en medio de las dificultades cotidianas, encuentran en San Cayetano un espacio para pedir y agradecer. En Liniers, una vez más, la fe popular se expresó en las calles y convirtió al barrio en el punto de encuentro de quienes llegaron con una misma esperanza: tener pan, salud, trabajo y paz.

