San Cayetano: García Cuerva cruzó al Gobierno

En Liniers, el arzobispo de Buenos Aires cuestionó la política económica, el aumento del costo de vida y el endeudamiento de las familias. También apuntó contra la dirigencia política y advirtió sobre una sociedad que se acostumbra al deterioro de sus condiciones de vida.

La celebración de San Cayetano en Liniers volvió a ser este viernes mucho más que una jornada religiosa. Frente a una multitud de fieles que se acercó al santuario para pedir por trabajo y agradecer por los favores recibidos, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció una homilía con un marcado contenido social y político, en la que cuestionó aspectos centrales del rumbo económico del país y reclamó una respuesta frente a las dificultades que atraviesan trabajadores y familias.

Sin mencionar directamente al presidente Javier Milei, García Cuerva apuntó contra algunas de las principales premisas del discurso oficial y cuestionó la idea de una economía que pueda funcionar al margen de sus consecuencias sociales. El arzobispo puso el foco en el aumento del costo de vida, los salarios que pierden capacidad para cubrir las necesidades cotidianas, el endeudamiento familiar y la situación de quienes no consiguen acceder a un empleo o necesitan acumular más de un trabajo para llegar a fin de mes.

El mensaje adquirió especial fuerza en Liniers, un barrio que cada 7 de agosto concentra una de las mayores expresiones de religiosidad popular de la Ciudad de Buenos Aires. La figura de San Cayetano está históricamente asociada con el trabajo y con la búsqueda de una vida digna, por lo que las palabras del arzobispo encontraron un escenario particularmente sensible a las consecuencias de la situación económica.

García Cuerva cuestionó lo que definió como una resignación “pasiva y silenciosa” frente a los aumentos. En su enumeración incluyó el transporte público, las tarifas, los alquileres y los alimentos, todos componentes centrales del presupuesto de los hogares. El planteo apuntó a una realidad que, según sostuvo, no puede ser analizada únicamente desde los números macroeconómicos, porque tiene consecuencias concretas sobre quienes deben afrontar diariamente el pago de los servicios, la vivienda, la comida y el traslado.

El cuestionamiento a la idea de libertad económica

Uno de los pasajes de mayor contenido político apareció cuando el arzobispo se refirió a los “ideologismos” que, según planteó, producen análisis teóricos que terminan chocando con la realidad cotidiana. La definición apuntó a las discusiones políticas que, desde diferentes posiciones, intentan explicar la situación económica sin atender suficientemente a las consecuencias que las medidas tienen sobre la población.

El mensaje tomó mayor dimensión cuando García Cuerva citó la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV. La referencia religiosa sirvió para introducir una definición que también puede leerse como una crítica al enfoque económico del Gobierno Nacional: la libertad económica, sostuvo a partir del documento papal, no puede ser absoluta y debe estar subordinada al bien común y a la dignidad de cada persona.

La elección de esa cita no fue menor. La libertad económica constituye uno de los ejes del discurso del presidente Milei, quien sostiene que una menor intervención estatal y una ampliación de las libertades económicas son condiciones necesarias para alcanzar el crecimiento. Frente a esa perspectiva, García Cuerva colocó en el centro del debate la cuestión social y los límites que deberían establecerse cuando el funcionamiento de la economía impacta sobre las condiciones materiales de vida.

Aunque el arzobispo evitó transformar la homilía en un discurso partidario, el contenido de sus palabras dejó expuestas diferencias con algunos de los principales postulados de la actual administración nacional.

Salarios, pobreza y endeudamiento

El trabajo fue otro de los ejes centrales del mensaje. García Cuerva sostuvo que San Cayetano recibe a un pueblo que no quiere resignarse a que el empleo sea tratado como una mercancía ni a que las personas deban tener dos o más trabajos para poder sostenerse.

La referencia adquiere particular importancia en un contexto en el que el poder adquisitivo y el nivel de endeudamiento de los hogares forman parte de las principales preocupaciones sociales. El arzobispo habló de la “trampa de los créditos que endeudan y asfixian”, en una crítica que apuntó a una dinámica mediante la cual las familias recurren al financiamiento para cubrir gastos cotidianos y luego encuentran dificultades para afrontar las cuotas.

También cuestionó la falta de reacción ante situaciones extremas de pobreza. Mencionó a quienes revuelven la basura para conseguir alimentos y sostuvo que no se puede permanecer indiferente ante ese tipo de escenas. Para García Cuerva, la respuesta frente a la pobreza no puede limitarse a una discusión sobre estadísticas o indicadores, sino que debe contemplar la dignidad de quienes padecen esas situaciones.

Críticas a toda la dirigencia

El mensaje del arzobispo tampoco se limitó al oficialismo nacional. En distintos tramos de la homilía cuestionó a la dirigencia política en términos generales y sostuvo que existe un cansancio social producido por las promesas incumplidas.

García Cuerva afirmó que muchos dirigentes hablan de los pobres pero permanecen alejados de sus necesidades y llevan una vida que no refleja las dificultades de quienes representan. De esa manera, el reclamo excedió al Gobierno de turno y alcanzó a una clase política que, según el arzobispo, debería recuperar contacto con la realidad cotidiana.

La crítica también estuvo dirigida a la sociedad. El arzobispo no presentó a los ciudadanos únicamente como víctimas de las decisiones políticas, sino que les reclamó una actitud diferente frente a la injusticia. Advirtió sobre la pasividad, la indiferencia y la pérdida de capacidad para reclamar de manera pacífica cuando los problemas afectan las condiciones de vida.

En otro tramo, García Cuerva habló de una sociedad atravesada por el odio, la descalificación y la discriminación. Describió a quienes están “ciegos” frente a una realidad que no quieren ver y sostuvo que los prejuicios y las posiciones ideológicas pueden impedir una mirada concreta sobre los problemas.

El planteo adquiere particular peso en un escenario político caracterizado por una fuerte confrontación entre sectores, donde las discusiones económicas suelen quedar atravesadas por enfrentamientos partidarios. Frente a esa dinámica, el arzobispo reclamó recuperar la empatía y colocar nuevamente a las personas en el centro de las decisiones.

La homilía de San Cayetano dejó así un mensaje que excedió ampliamente el marco religioso. Desde uno de los principales escenarios de la fe popular porteña, García Cuerva puso en discusión el modelo económico, cuestionó la naturalización de los aumentos, alertó sobre el endeudamiento y reclamó respuestas ante la pobreza.

En Liniers, donde miles de personas volvieron a pedir por trabajo y mejores condiciones de vida, el arzobispo eligió hablar de una sociedad que, según su mirada, no debería resignarse. El mensaje fue dirigido a la política, pero también a los ciudadanos: frente a un escenario económico que todavía genera fuertes tensiones sociales, el silencio y la resignación no deberían convertirse en una forma de aceptar como inevitable aquello que afecta la dignidad y el bienestar de las familias.